Las familias beneficiarias del proyecto tienen una media de 4 miembros y se ven obligadas a vivir en cabañas de adobe que no resisten las altas temperaturas de la zona y se inundan con facilidad en la época de los monzones. Las precarias condiciones de estas viviendas los condenan al hacinamiento, la mala ventilación y la falta de intimidad.

Las casas que se construirán con el proyecto tienen dos habitaciones amplias y un porche. Todas se hacen alturas unos 40 cm del nivel del suelo para evitar los efectos de las lluvias monzónicas y la entrada de serpientes y escorpiones, muy comunes en la zona.
Disponer de una vivienda digna implica una considerable mejora en la calidad de vida de los beneficiarios, que forman parte de los colectivos intocables, además de una mayor consideración social frente al resto de castas.